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domingo, 5 de abril de 2026
Reseña de La luz del norte, de Hideo Yokoyama
Hola blogueros,
El último libro que he leído es La luz del norte. A pesar de que no suelo llevarme muy bien con el estilo oriental la persona que me lo ha regalado descubrió que había disfrutado leyendo Seis Cuatro del mismo autor (podéis leer la reseña de Seis Cuatro aquí) y debo decir que La luz del norte también me ha gustado mucho.
SINOPSIS de La luz del norte
Tras el éxito de público y crítica de Seis Cuatro, Hideo Yokoyama, a quien David Peace ha calificado como "el maestro japonés del misterio", vuelve a cautivarnos con La luz del norte, una novela de enigma bellamente escrita, colmada de suspense y construida como un rompecabezas.
Minoru Aose es un arquitecto de mediana edad cuya carrera y familia se desmoronaron con el estallido de la burbuja económica de Japón y que ha acabado refugiándose en la mediocridad. Sin embargo, su vida da un vuelco cuando recibe un encargo muy curioso: diseñar una casa a su antojo en el espléndido terreno que sus clientes, los Yoshino, poseen en las montañas. El resultado final despierta entusiasmo y reconocimiento, y acaba situando a Aose a la vanguardia de su especialidad. Pero un día descubre que la casa está vacía, y que es posible que nadie la haya habitado nunca. Encuentra el modo de entrar y descubre huellas, un teléfono conectado y una silla muy peculiar, al parecer diseñada por el prestigioso arquitecto modernista Bruno Taut, colocada delante de una ventana por donde entra la luz del norte, pero no hay ni rastro de personas. ¿Qué ha ocurrido con los Yoshino? El interrogante se transforma en búsqueda y luego en una obsesión que llevará a Aose a hurgar en el pasado de sus clientes desaparecidos, así como en el origen de aquella silla y el destino de Taut.
Tramada con la misma sutiliza que Seis Cuatro, pero aún más atmosférica y escurridiza, La luz del norte muestra otra dimensión de la escritura de Hideo Yokoyama, y nos presenta un relato hipnótico, bajo una luz incierta y misteriosa, la intrigante desaparición de una familia al tiempo que se reconcilia con los fantasmas de su pasado.
AUTOR de La luz del norte
Imagen sacada de: https://www.laopiniondemalaga.es/
Hideo Yokoyama es un autor japonés nacido el 17 de enero de 1957 en Tokio. Antes de dedicarse a la escritura trabajó durante doce años como reportero de investigación en un periódico regional de su ciudad natal, en el norte de la capital.
Yokoyama debutó en el panorama literario en 1998 con una colección de historias policiacas que le valieron el Premio Matsumoto Seicho, además de la nominación al Premio Naoki. A partir de ese momento, las obras de Yokoyama fueron aclamadas tanto por el público como por la crítica, convirtiéndole en uno de los autores superventas de Japón.
En 2003 fue hospitalizado a causa de un infarto que le sobrevino después de trabajar setenta y dos horas sin descanso. Escritor prolífico, alcanzó una enorme proyección internacional con Seis Cuatro (Salamandra, 2021), su sexta novela, un fenómeno editorial que ha cosechado una impresionante repercusión de público y crítica, ha sido reconocida con numerosos premios y llevada con éxito a la gran pantalla. Entre su amplia obra narrativa, traducida a varios idiomas, destaca también La luz del norte, que ha vendido cerca de trescientos mil ejemplares en Japón.
OPINIÓN de La luz del norte
Hay novelas que no necesitan alzar la voz para cautivarte, ni grandes giros ni ritmos frenéticos para engancharte. Novelas que fluyen con naturalidad, sin esfuerzo, que transmiten calma, y que sin darte cuenta te atrapan hasta el punto de no querer soltar el libro. La luz del norte es una de ellas.
Si en Seis Cuatro Hideo Yokoyama nos sumergía en una trama densa y muy marcada por la investigación policial, La luz del norte juega en otra liga. Es una historia distinta, sí, pero mantiene ese sello tan reconocible del autor: pocos personajes, aunque muy bien perfilados, y una estructura que se cocina a fuego lento.
Aquí el arranque es pausado, con descripciones abundantes que no están ahí por casualidad. Sirven para situarnos en la ciudad, entender mejor las costumbres del país, asomarnos a la vida cotidiana en Japón y, sobre todo, conocer a los personajes más allá de lo superficial. Yokoyama se toma su tiempo, y tú, como lector, se lo compras.
Imagen sacada de: https://beaviajera.com/como-son-los-japoneses/
Pero que nadie se engañe: ese ritmo tranquilo es solo el preludio. En el último tercio, la novela pisa el acelerador y ya no hay vuelta atrás. Las páginas vuelan, la intriga se intensifica y te descubres siguiendo al protagonista casi sin respirar, sin querer dejar de leer hasta llegar al final del misterio.
Desde las primeras líneas, Hideo Yokoyama nos propone una historia donde lo importante no es solo lo que ocurre en la novela. Aquí hay personajes bien construidos y con peso en la historia, pero hay uno que, en mi opinión, destaca por encima del resto y al que conviene prestar especial atención: la arquitectura japonesa. Su historia y su evolución a lo largo del tiempo están muy presentes en toda la obra, hasta el punto de convertirse en un elemento clave. No es solo un telón de fondo, sino algo que acompaña constantemente al relato y que influye en cómo se desarrolla la historia.
A través de una prosa pausada, el autor nos acerca a la arquitectura japonesa y a la importancia que tiene la luz. Esa luz que no solo ilumina espacios, sino también emociones, decisiones y silencios. Hay algo profundamente delicado en la forma en que Yokoyama describe los edificios, los materiales, los huecos y las sombras… como si cada detalle escondiera una historia.
Conocemos poco a poco a Minoru Aose, un arquitecto al que le encargan diseñar una casa en un terreno complicado, elevado y limitado. Pero, como ocurre en este tipo de relatos, el verdadero viaje no está en el encargo, sino en lo que se va revelando en torno a él. Su vida, sus relaciones (personales, laborales y familiares), sus dudas. Todo emerge lentamente, sin prisa, dejando que el lector complete los espacios entre líneas.
El ritmo puede parecer lento al inicio, pero también es coherente con lo que la novela propone: detenerse, observar, comprender. Yokoyama construye la historia igual que Aose construiría una casa: con precisión, con calma, capa a capa, cuidando cada elemento, sin dejar nada al azar.
Imagen sacada de: https://www.nebrija.com/carreras-universitarias/grado-arquitectura/
Todo está tan bien descrito que acabas dándote cuenta de que lo simple, lo cotidiano, lo aparentemente insignificante, a veces tiene más importancia de la que creemos. Esas cosas pequeñas que muchas veces dejamos pasar, pero que al final son las que realmente importan.
Y entonces, casi sin darte cuenta, llegas al tramo final. Y lo que hasta ahora avanzaba con calma, comienza a acelerarse. Las páginas pasan más deprisa, los ojos vuelan sobre las líneas, y esa serenidad inicial se transforma en una necesidad urgente de comprender, de llegar al desenlace, de encajar las piezas del enigma.
La luz del norte es una novela que no busca impresionar, sino permanecer. De esas que se leen despacio y perduran largo tiempo en tu memoria.
Me gusta lo bueno de la vida: leer, dormir, soñar, escuchar música, reír,...
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